Sanar, también cuida el cuerpo.


​Estaba hablando con una amiga, de esas conversaciones tranquilas, sin prisa, donde una cosa lleva a la otra. Y sin planearlo, salieron recuerdos. Cosas que me habían pasado. Historias que, en otro momento, sólo de mencionarlas, me hacían un nudo en la garganta.

Y ahí fue que me di cuenta: estaba recordando, y no estaba llorando. No porque no haya dolido. Dolió y mucho. Mi cuerpo lo sabe. Pero ya no duele como antes.

Esta vida me ha enseñado que el cuerpo tiene memoria. Que no todo lo que pesa, viene de las piernas, que hay emociones guardadas que también inflaman, cansan, y pasan facturas.

Por mucho tiempo nos han hecho creer que sanar es olvidar. Que si hablas del pasado es porque no has perdonado. Pero la realidad es otra.

Si olvidáramos todo lo que nos hicieron, volveríamos a caer en lo mismo, a exigirnos, a quedarnos calladas, para no incomodar. A regresar a lugares y situaciones que el cuerpo ya nos había advertido que no eran seguras. Y eso no es sanar, eso es vivir en automático. 

La memoria también cuida. Nos ayuda a reconocer señales y decir: “hasta aquí ya basta”. A dejar el revolú antes de qué el cuerpo grite.

Cómo viajera con lipedema, he aprendido que sanar no es borrar la historia, si no dejar de cargarla en el cuerpo. Hay recuerdos que aunque nos hagan un nudo en la garganta, ya no aprietan en el pecho, y nos enseñan. 

Que ya no provocan lágrimas, pero sí, me recuerdan porque hoy me cuido distinto con más conciencia. 

Sanar me ha ayudado en mi salud. Porque cuando dejo de pelear con mi historia, mi cuerpo también descansa. Cuando válido lo vivido, la inflamación no siempre grita igual, y cuando me trato con más compasión, mi cuerpo responde mejor.

Recordar no es quedarse pegada al pasado, es caminar, despierta. Es viajar en un cuerpo real, con pausas, ajustes y decisión más amorosa.

Hoy entiendo que sanar también es prevención. Que la sanación emocional, no sustituye tratamientos, pero los acompaña y los hace más llevaderos.

Y aquí sigo, no como alguien que llegó a la meta, sino como una viajera con lipedema que aprendió que cuidar la memoria, también es cuidar el cuerpo. 


Y ahora te pregunto:👇🏽

¿Hay algún recuerdo que antes te pesaba y hoy puedes mirar desde otro lugar?


Si te nace, compártelo en los comentarios.

A veces poner en palabras lo que ya no duele tanto también libera, y sana. 

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