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Lo que guardamos en nuestro baúl y de vez en cuando sacamos.

A veces el silencios hace falta para sanar, coger fuerza y se seguir en el viaje de la vida.  Si extrañabas leer este blog tanto como yo extrañaba sentarme a escribir, te doy la bienvenida otra vez a mi desahogo, donde la vida se cuenta sin filtros con el corazón en la mano. Hay noches donde me acuesto a descansar, pero la mente no quiere y se remonta a un viaje al pasado. Momentos en que uno piensa en todo y repasa las historias vividas, lo que te ha costado decir, superar y sanar por dentro.  Entre todos los recuerdos que guardo en la memoria, hay uno que aunque el tiempo ha pasado su dolor, todavía tiene la fuerza de sacarme lágrimas.  Un angelito que se fue sin saber que era.  Después de casi 9 años ese pensamiento sigue vivo en un rincón dentro de mi y, aunque algunos pudieran cuestionarlo es parte de la historia que cargo.  Viajar por la vida, bregar con el día a día y cargar con una condición como el lipedema te enseña a llevar otro tipo de equipaje que n...

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Mis Nuevos Logros, Mi Nueva Mirada

Hay cosas que una mujer vive… aunque nadie las vea

¿Hace cuanto no vas a la playa?

Más allá de lo que cubro.

🌙 Una noche de terror (o de aprendizaje) Fin de semana largo… y lo comencé el lunes con asma. Tenía planes de viajar a ver a mi abuela, pero el clima donde ella estaba no me iba a ayudar. Así que cambié de rumbo y terminé en el campo con mis padres. Ellos invitaron amistades y, entre conversaciones y risas, surgió la idea de acampar. Yo no quería quedarme atrás. Salí de la comodidad de mi cama para unirme a la aventura. Pensé que sería una gran decisión. Spoiler: no lo fue tanto 😅 Me prestaron una caseta de acampar. Todo parecía perfecto… hasta que llegó la hora de dormir. Qué pesadilla. La incomodidad, la rigidez del espacio, la sensación de pesadez en mis piernas… no encontraba posición. Intenté acostarme y nada. Terminé sentada, tratando de convencer a mi cuerpo de que eso también era descansar. Mis padres, que se unieron a la experiencia, no estaban muy tranquilos al verme así. En medio de la desesperación, recordé que había llevado un catre. “¡Esto es!”, pensé. Pero claro… en la práctica, no cabía dentro de la caseta.🙈 Ahí entendí que la aventura ya había tomado otro nivel. Decidí acostarme afuera. La espalda adolorida, el frío metiéndose sin pedir entre mis huesos, y mis piernas recordándome —una vez más— que no siempre siguen el ritmo de mis ganas. Los sonidos de la noche rodeándome. Una mezcla entre valentía y “¿por qué hice esto?” Y acá estoy, a las 4 de la mañana, en medio de la nada en Orocovis, Puerto Rico. Con frío, escuchando animales a mi alrededor y esperando que amanezca pronto. Ser viajera con lipedema también es esto: improvisar, adaptarse, escuchar el cuerpo… y a veces, aprender a la mala. Y ahora, mientras lo escribo, no puedo evitar que me dé un ataque de risa al recordar la travesía de la noche… porque sí, fue incómodo, frío y caótico, pero también fue mío. Pero aquí sigo. Viviendo, intentando, y encontrando mi manera. Definitivamente, una experiencia que repetiría… pero la próxima vez, mega preparada.

Semana nublada… Pero con propósito

Paradas inesperadas en el camino

Lo que repetimos, también se queda en el cuerpo